25 febrero
El director de Regulación de Iberdrola España, Patxi Calleja, protagonizó en el Club una nueva edición de los Almuerzos de la Ingeniería organizados por la Asociación de Ingenieros Industriales de Madrid (AIIM), donde analizó el contexto energético actual desde una perspectiva geopolítica, industrial y regulatoria. Su intervención giró en torno a una idea central: España está en una posición privilegiada en la transición energética, pero necesita eliminar barreras para aprovecharla.
Calleja enmarcó su análisis en el cambio de paradigma geopolítico. Mientras Estados Unidos ha reforzado su liderazgo digital y China ha apostado por la electrificación y la industria, Europa ha perdido peso económico: del 21 % del PIB mundial en 2000 al 16-17 % actual, mientras China ha pasado del 5 % al 17 %. En este contexto, defendió que Europa no puede aspirar a ser competitiva apoyándose en combustibles fósiles importados: “Nunca seremos competitivos consumiendo combustibles fósiles que no producimos”. La alternativa es la electrificación.
España parte de una base sólida: el 85 % de la electricidad que consume es autóctona (renovable o nuclear) y los costes de producción son significativamente más bajos que en otros países europeos (un 61 % inferiores a Italia y un 48 % a Alemania). Sin embargo, el peso de la electricidad en el consumo final apenas ha crecido en veinte años. “Estar bien posicionados no significa estar aprovechando la oportunidad”, señaló.
El principal cuello de botella es la red eléctrica. Desde 2019 la capacidad renovable se ha multiplicado por cuatro, pero la red apenas ha crecido. En los últimos años se han rechazado solicitudes equivalentes a más de 400.000 viviendas y numerosas peticiones industriales. Además, hasta el 67 % de la nueva generación renovable podría verse obligada a verterse si no se amplía la capacidad de evacuación. Según explicó, las inversiones en redes llevan más de 14 años limitadas por el marco regulatorio. “La infraestructura no puede ser el freno del desarrollo económico de un país europeo”.
El segundo obstáculo es la fiscalidad. El 40 % de la factura eléctrica son impuestos y la electricidad soporta entre cuatro y seis veces más carga fiscal que el gas importado. El impuesto del 7 % a la generación solo existe en España y tecnologías como la nuclear soportan hasta 28 €/MWh. De hecho, la electricidad es el tercer producto más gravado del país, pese a contribuir a la autonomía energética y la competitividad industrial. “Estamos penalizando lo que producimos dentro de nuestro país frente a lo que importamos”.
El potencial de crecimiento es elevado: entre 1900 y 2000 se conectaron 30 GW; entre 2000 y 2026, 170 GW, y solo en los dos últimos años se han solicitado 100 GW adicionales. La electrificación del vapor industrial —cerca del 50 % del consumo energético para calor— permitiría reducir de forma significativa la dependencia exterior.
Calleja concluyó que España cuenta con recursos naturales, empresas dispuestas a invertir y una electricidad competitiva. Para transformar esa oportunidad en crecimiento industrial es necesario adaptar el marco regulatorio para impulsar las redes y revisar la fiscalidad eléctrica. Solo eliminando estas dos barreras podrá aprovechar plenamente su ventaja competitiva.
El debate posterior permitió profundizar en estas cuestiones, evidenciando la relevancia estratégica de la electrificación para el futuro económico e industrial del país.
